Las etiquetas para la ropa, no para las personas.

“Etiquetar es un proceso que crea descriptores para identificar a las personas que difieren de la norma. La palabra ‘normal’ es un término relativo muy amplio. “

Maria del Carmen Padilla y sus compañeros de Centro Ocupacional, nos advierten del peligro de utilizar etiquetas y nos aconsejan que: “Las etiquetas son para la ropa no para las personas”

¿Cuántas etiquetas utilizamos en un día sin pensarlo? El alumno, el maestro, el terapeuta o el director… todas son etiquetas que evocan imágenes de quiénes son esas personas, cómo lucen y cómo podrían actuar. ¿Cuáles son las etiquetas que podrían aplicarse a cada uno de nosotros? ¿Nos gustarían? ¿Esas etiquetas describirían todos los aspectos de quiénes somos? ¿Nos cuesta más aceptar algunas que otras?  ¿Cómo nos hace sentir que nos categoricen y encasillen? Las etiquetas pueden ser útiles, pero también pueden  ser peligrosas. Pueden crear imágenes estereotipadas basadas en el imaginario colectivo, rumores, prejuicios, temores y la incapacidad de separar a la persona de su discapacidad o de las conductas que pueden presentarse.

“Agrupar a un grupo diverso de personas en un mismo lote, elimina todo sentido de identidad.”  M. Squires.

Es posible que haya ciertos aspectos positivos al etiquetar la discapacidad de una persona. A veces las etiquetas se utilizan para obtener recursos de entes gubernamentales o para poder dar respuesta a las adaptaciones requeridas por la personas con discapacidad. Sin embargo, la etiqueta de discapacidad es simplemente un diagnóstico médico o educativo.  Cuando nos referimos a las personas con discapacidad por su diagnóstico médico o educativo, los devaluamos como seres humanos. Si bien las etiquetas pueden ser útiles en la comunicación entre profesionales y para determinar los servicios para las personas con discapacidad, en raras ocasiones nos dicen mucho sobre la persona.

Etiquetar siempre crea imágenes negativas al ser aplicadas a las personas con discapacidad, ya que siempre se proyecta la discapacidad en lugar de las fortalezas y talentos de la persona. Estas etiquetas nos llenan de sentimientos y expectativas que posiblemente no tangan nada que ver con las habilidades, necesidades, intereses o preferencias de una persona.

Una discapacidad no es el descriptor más importante para una persona. Es mejor enfocarse en la persona primero y no es su discapacidad. Definir a las personas por su discapacidad, como si la discapacidad constituyera su integridad, frecuentemente aísla y segrega a las personas y mucho más importante aún,  deja de reconocer su individualidad, la cual va mucho más allá de la discapacidad.

Frecuentemente es más útil aproximarse y conocer a cada persona como un individuo con fortalezas, intereses, preferencias, temores y frustraciones y reconocer que la discapacidad es solamente un aspecto de esa persona. Si podemos alejarnos del estigma de las etiquetas, posiblemente comencemos a detectar habilidades y competencias en lugar de permitir que esa etiqueta dictamine expectativas más bajas.

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